lunes, 15 de febrero de 2010

CRÓNICA DE UN DESCUBRIMIENTO

Estoy a punto de afirmar que vengo de la cigüeña. Lo demás, aquello que se me cuenta por parte de presumidas bocas, me parece bastante fantasioso, lleno de símbolos y anécdotas pretenciosas que dejan al ser humano inmerso en un temible halo de divinidad; peligroso, antes que bello.

-Eres un milagro, simplemente- dice mi madre mientras prepara sus recuerdos, en la temible visión de lo que sería la concesión de un nuevo mundo.
Era 27 de diciembre, dos días antes aquella mujer de cabellos plateados que dice ser mi madre se encontraba en la tímida celebración familiar de navidad. Era joven, pero no esbelta, una protuberante curva en su vientre dificultaba la manifestación de la perfección individual, porque ya no estaba sola; me esperaba.

Aquella noche de navidad fue agotadora; ella no bailó, yo sí. El inquieto pequeño que labraba un destino nuevo para ella, azotaba su vientre, convirtiéndola en lo que para mí pareció, según su descripción, un gigantesco muro de contención, infranqueable pero sosegado.
-Vámonos-, dijo a mi padre, más como un gemido que como una petición.

Y regresaron a su casa, en la espera de algo mágicamente terrible, que no tuvo su momento en esa noche, ni tampoco a lo largo la siguiente jornada en que llega el sol a separar la luna.

El 27, día de San Juan, despertó ella con fuertes contracciones, y, en un atrevido intento de solución rápida, salió sola de su casa, rumbo hacia las fronteras de una nueva creación que por el momento no tenía rostro, pero sí forma. Llegó al hospital y, de inmediato, cientos de enfermeras,-dice ella-, se formaron a su alrededor, intentando establecerla en cualquier parte, de manera que, con tanto alboroto y dolor, su “espíritu se dejó llevar hasta el extremo de la vida”, según dice, y empezó a soñar.

Soñó que se convertía en princesa, y que junto a ella, decenas de ángeles blancos la elevaban cuidadosamente hacia un trono nuevo, un altar claro, lleno de inscripciones de una lengua superior a cualquiera hecha por el hombre. De repente, los ángeles hicieron una calle con el espacio entre sus cuerpos para la llegada de un hombre vestido de azul, que sólo dejaba descubrirse los ojos, igual que Dios. Y puede que haya sido el mismo creador, pues, en una agitada danza de sus brazos, la ungió a ella con una especie de aceite que le quitó el terrible, pero extraño, dolor que sentía desde que despertó. Luego, el dolor disminuido comenzó a convertirse en una vertiginosa luz que provenía de su vientre, y que la hizo por fin entablar contacto con la realidad, mientras sentía el mayor orgasmo que hubiera concebido su espíritu, se elevó hacia la última dimensión de la muerte y volvió en un segundo, dirigida por la nueva creación de la vida, regida por sus más fantásticos méritos divinos de creación. Yo había nacido.

-Eres un niño terrible-, me dice ahora que no tengo más que decir. He probado que aquella hermosa mujer de cabeza de ceniza no es mi madre; es demasiada fantasía para creer que he nacido mediante una pretenciosa creación de un mundo mágico inventado por ella misma, y no por el verídico y concreto viaje que mamá cigüeña emprendió desde París.


Danilo Andrés Rey Jerez

Educar en una cultura del espectáculo, Joan Ferrés

En el libro, Educar en una cutura del espectáculo, Joan Ferrés nos propone una nueva lectura del mundo educativo, en el cual los maestros deben obtener la información necesaria para realizar una labor docente que lo lleve a comprender un poco más una cultura que va haciendose cada vez más fuerte y se establece como un vínculo aferrado a las nuevas generaciones: la cultura del espectáculo.
Joan Ferrés proyecta su texto desde un primer, pero específico acercamiento, a lo que será la explicación del tema central del texto en su totalidad. En esta primera parte deja por sentadas las bases que tendrán en adelante las exposiciones de sus ideas, en las que maneja un discurso tan interesante para los maestros, como para los mismos estudiantes. Y es esto mismo lo que hace la lectura tan amena y llevadera, partiendo de que es un tema de interés mucho más general de lo que se piensa, incluso, si podemos imginarnos más allá, podríamos estar diciendo que este texto podría ser para los maestros tan interesante, como lo alcanzaría ser para los medios de comunicación.
En un manejo mucho más detallado de la comunicación de sus ideas, el autor nos lleva a encontrarnos con hipótesis o afirmaciones bastante reveladoras en el caso personal, ya que entabla relaciones con una serie de características específicas de las que se apropian los medios masivos y modernos de comunicación con el fin- consciente o no- de convertir todo en espctáculo.
El libro es bastante argumentativo y demuestra con hechos concisos, y muchas veces que tocan una experiencia en el área nacional, que estas ideas están formuladas con bases sólidas, no obstante, el texto se hace un poco repetitivo, pues los temas principales que abordó desde la primera parte sigen desarrollándose en la misma medida en que cece el número de páginas y, aunque esto puede ser muy bueno en algunos casos, el desarrollo de estos temas está abordado desde distintos títulos, pero en una misma perspectiva.
Así pues, decenas de palabras de Joan Ferrés fueron para mí como un repetitivo dèjá vu, en el que el eterno retorno del tratamiento de los temas primordiales dejó la impresión de una sujeta marca hacia la voluntad de aprendizaje, como cierta madre, que para que su hijo aprenda algo de la vida, lo repite muchas veces, con voces y caricias distintas, con el fin de hacer ver diferente, algo que no tenía más objetivo que el estrictamente operativo.
Ahora pues, el texto, con todo y su margen de repetición, es un verdadero deleite que se sustenta en los temas que aborda, ideas que, aunque muchos de nosotros quizás hayamos pensado en ellas, nunca antes las habíamos dejado dilatar por nuestro intelecto, llegando a analizarla y a mostrarla como en una significativa disección, para llevarnos a conocer mucho más acerca de una cultura recientemente llamada y envuelta en el espectáculo y, además, para moverle un un poco, la mentalidad al docente que se estanca como una anacrónica piedra, en medio de un dinámico río de gente.