Palabras: Fantasma y arroz
Nadie lo encuentra, lleva dos días perdido en la inmensidad de un universo luciérnaga que brilla y oscurece con tan amplia facilidad que escapa en solo cuestión de segundos. En la mesa, donde todos estábamos esperándolo, no hubo más momento de alegría. El tenedor se negó a buscarlo, el vaso cristalizó su testimonio, la mesa permaneció inmóvil, mientras el mantel se escondía para no ser cuestionado: el arroz que iba a llevar a mi boca, en una sola ráfaga de mis párpados, había desaparecido como un fantasma, en el espeso bosque de mi plato de verduras.
Nadie lo encuentra, lleva dos días perdido en la inmensidad de un universo luciérnaga que brilla y oscurece con tan amplia facilidad que escapa en solo cuestión de segundos. En la mesa, donde todos estábamos esperándolo, no hubo más momento de alegría. El tenedor se negó a buscarlo, el vaso cristalizó su testimonio, la mesa permaneció inmóvil, mientras el mantel se escondía para no ser cuestionado: el arroz que iba a llevar a mi boca, en una sola ráfaga de mis párpados, había desaparecido como un fantasma, en el espeso bosque de mi plato de verduras.

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